lunes

"Qué hermoso era el resplandor del cielo por la mañana y al caer la tarde! “Iluminación patagónica”, la llamaban las nenas. En el vapor costero Buenos Aires, que nos trajo hasta San Julián, nos había llamado un gran óleo en el comedor que producía esta iluminación. Yo lo consideraba artificioso y de poco gusto, nunca había visto tales colores en el cielo. Cuando los ví al natural, el óleo apenas resultó un pálido reflejo. Los colores increíbles que iban del amarillo más tenue a un naranja intenso, del rosado y del rojo hasta el verde, constituían un espectáculo que nunca quería perder".

María Brunswig de Bamberg, Más Allá en la Patagonia